Biblioteca Popular José A. Guisasola


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Cuento» Espanta y Pájaros, de Liliana Bodoc


—¡Pobre Espanta! —le dijo un gorrión a una alondra—. Su tristeza es tan grande como cinco otoños, una plaga de langostas y un pan duro.

—Así de grande..., tienes mucha razón —contestó la alondra—. ¡Y el pobre no llora por evitar preocuparnos!

Pero la alondra estaba equivocada. ¡Claro que lloraba el Espanta! ¡Y lloraba a cántaros! Sólo que lo hacía cuando estaba lloviendo para que nadie se diera cuenta.

Una lechuza, vecina de árbol, descendió dos ramas para intervenir en la conversación.

—¿De quién están hablando? —preguntó.

—Del Espanta más viejo de por aquí —respondió el gorrión.

—¿El que vive en el maizal, detrás de la loma?

—Ese mismo.



El caso es que los Espanta envejecen como cualquier ser viviente. Las tormentas debilitan sus esqueletos de madera, los fuertes vientos se van llevando, en hilachas de estopa, sus largas melenas. El granizo, cuando llega, les agujerea el sombrero. Y un poco, el corazón.

También, igual que todos los que estamos vivos, los Espanta sueñan. Y el Espanta que habitaba en el maizal, detrás de la loma, tenía su propio sueño. Un sueño sencillo para muchos; pero imposible para quien tiene los pies atrapados en la tierra.

—¿Imposible...? —dijo el gorrión—. ¡Cuando de sueños se trata esa palabra no tiene sentido!

Pero sin importar lo que el gorrión opinara, el sueño del viejo Espanta parecía realmente imposible. Porque el Espanta soñaba con ver el arroyo que atravesaba el campo muy cerca de allí.

—Cerca para quien tiene alas, patas, piernas o tentáculos —opinó la lechuza—. Pero lejos, ¡muy lejos!, para quien tiene..., tiene... ¿qué tiene?

—Raíces —afirmó el gorrión.

Atado a la tierra, el Espanta escuchó durante muchos años el sonido del arroyo que pasaba. Más fuerte en verano, más suave en invierno. Más silbado en otoño, más desordenado en primavera.

—Si es tan hermoso escucharlo —suspiraba— ¡cuánto más hermoso será verlo!

Cientos de veces le preguntó a los pájaros: ¿cómo es el arroyo?, ¿cómo es el arroyo que atraviesa el campo?

Y los pájaros se esmeraron en sus descripciones y respondieron como poetas:

"El arroyo es una canción que moja".

"Es una serpiente azul que nunca termina de pasar".

"El arroyo es la sombra de un rebaño que anda por el cielo".

Sin embargo, aquellas invenciones sólo lograban que el Espanta tuviera más ganas de ver el arroyo con sus propios ojos: dos enormes botones cosidos en su cabeza de trapo.

Así pasaron las estaciones. Y mientras más envejecía, más penaba el Espanta:

—No quisiera morir sin ver el arroyo. No quisiera...

Los pájaros estaban preocupados. La temporada de tormentas estaba cerca, y era posible que el Espanta no soportara otra granizada sobre su corazón. ¡Habría que aceptarlo...! El pobre iba a morir sin cumplir su sueño. Luego, el granjero colocaría un Espanta joven, y el asunto quedaría en el olvido.

—Yo nunca lo olvidaré —afirmó el gorrión.

—Muy bien —dijo la lechuza—. ¿Y qué puedes hacer para remediarlo?

El gorrión estuvo pensando todo el día, el otro y el siguiente; porque no le gustaba abandonar a sus amigos.

Las primeras nubes de la temporada de tormenta aparecieron en el horizonte. El Espanta, que presentía el fin de su tiempo, se ocupaba únicamente de escuchar el paso del arroyo. Como si de tanto escucharlo, pudiera verlo.

Tan cerca estaba el arroyo. Y sin embargo estaba tan lejos para el que no tenía tentáculos, patas o alas.

—¡Yo tengo alas...! ¡Y también pico! —exclamó el gorrión. Y agregó—: Tú, alondra, también tienes alas y pico. También tú los tienes, lechuza.

—¿Qué clase de disparate anida en tu cabeza? —La lechuza estaba preocupada.

El gorrión tenía en la cabeza uno de esos disparates que solamente puede dictar el amor todopoderoso. El gorrión pensaba que sería posible hacer un pozo, y arrancar al Espanta de la tierra. Luego alzarlo por los hombros de su saco harapiento, y llevarlo en vuelo hasta el arroyo.

—Los granjeros aseguran muy bien a los Espanta para que no se los lleve el viento —dijo la lechuza—. Tendríamos que cavar un pozo demasiado profundo. ¡Imposible!

Como al gorrión no le gustaba esa palabra, respondió con cierto enojo.

—Piensa, mi buena lechuza, que tu pico puede servir para algo más que para comer insectos y semillas. Y que tus patas pueden servir para algo más que sostenerte en las ramas el día entero.

La lechuza, sin embargo, no se convencía con facilidad.

—Puedo aceptar eso. Pero, ¿cómo haremos para levantarlo? Así como lo ves de flaco, el Espanta es demasiado pesado para nosotros.

—Tal vez sea pesado para nosotros tres, pero no lo será para todos los pájaros del campo.

La alondra había guardado silencio. Pero cuando abrió el pico para hablar, el gorrión lamentó, por única vez en su vida, no poder sonreír.

—Aunque sea un disparate —dijo la alondra—, te ayudaré a convocar a todos los pájaros del campo. Cruzaremos el cielo de ida y de vuelta. Al fin y al cabo, para eso están el cielo y las alas.

Al oír semejante cosa, la lechuza comprendió que tenía dos alternativas: el entusiasmo compartido o el pesimismo solitario. Y como no era sonsa, era lechuza, eligió el entusiasmo. Y allí partieron los tres, arrastrando en su vuelo un propósito de gigantes.

Al amanecer siguiente, el Espanta vio acercarse grandes bandadas desde las cuatro esquinas del cielo. Le pareció que todos los pájaros del mundo estaban allí. Y aunque no fuera así, al menos eran todos los pájaros del campo.

Cuando llegaron el gorrión carraspeó. Tenía algo muy serio para decir:

—Viejo Espanta —los nervios le cerraban la garganta—: Hemos venido a cumplir tu sueño. Para eso debemos arrancarte de la tierra y... ¡y tú sabes de sobra lo que eso significa!

Espanta lo sabía. ¿Y qué...? De todos modos, la tormenta, que ya ocupaba la mitad más triste del cielo, era la última que podría soportar su corazón.

—¡Estoy listo! —dijo.


El trabajo comenzó de inmediato. Muchos picos, y el doble de alas, escarbaron la tierra. Era necesario hacer un pozo muy profundo para que el Espanta quedara libre. Y había poco tiempo porque las nubes ya casi se caían.

—¡Qué no llueva todavía! —pedían los pájaros.

Y tenían razón en pedir. Porque si la lluvia se descargaba, la tierra se transformaría en barro, el pozo que estaban cavando se anegaría, y adiós sueño.

Los pájaros continuaron cavando y escarbando como si el cansancio fuera una mentira inventada por los hombres. De pronto se escuchó un estruendo.

—La lluvia está cerca —advirtió la lechuza.

Sus compañeros sabían que eso era cierto. Por eso, aunque estaban fatigados y sedientos, con las plumas sucias de tierra, continuaron su dura tarea.

Al cabo de un largo rato se oyó un ruido que no era de tormenta. Era el ruido de un Espanta que se estaba inclinando.

—¡Un poco más! —dijo el gorrión.

—¡Un poco más! —repitió la alondra.

El Espanta siguió ladeándose hasta que, finalmente, su cuerpo se desgajó de la tierra y cayó sobre el campo húmedo.

Los pájaros se miraron entre sí. Ya estaba cumplida la primera parte del trabajo; pero todavía faltaba cumplir el sueño.

Algunos con sus patas, otros con sus picos, los pájaros tomaron al Espanta desde los hombros de su saco hasta el ruedo de su pantalón remendado. Las alas se prepararon para alzar vuelo:

—¡Ahora! —indicó el gorrión.

Entonces, el viejo Espanta ascendió despacio y con poca elegancia. Los pájaros hicieron su mejor esfuerzo, y un poco como barrilete, otro poco como avión averiado, el Espanta subió, subió y avanzó por el aire en dirección al arroyo.

En ese momento cayeron las primeras gotas de lluvia, pesadas como ciruelas.

—Llegaremos, llegaremos —decían los pájaros para darse ánimo.

El arroyo sonaba cerca. El Espanta y su sueño estaban a punto de reunirse.

El cielo que los miraba quiso ser útil, y por un ratito retuvo la lluvia guardada en su boca.

Ese breve tiempo fue tan valioso como un siglo entero, porque alcanzó para que el Espanta llegara al arroyo. Allí estaba por fin, y sus ojos de botones se llenaron de lágrimas.




El arroyo del campo era más bello que todo lo imaginado. Más bello que la sombra de un rebaño celestial, una canción de agua y una serpiente azul. Y es que el sencillo arroyo del campo era, en verdad, un sueño cumplido.

—Gracias —dijo el Espanta. Y luego se durmió volando sobre su sueño.

Los pájaros descendieron y, con suavidad, lo depositaron sobre el campo. Recién entonces, el cielo permitió que la lluvia se descargara. Los pájaros se separaron para regresar a sus nidos. El gorrión, la alondra y la lechuza buscaron refugio en el árbol de siempre.

Las tres aves estaban muy cansadas: el Espanta se había marchado, y la lluvia golpeaba el mundo.

—¿Saben una cosa? —dijo la alondra.

—He visto el arroyo cientos de veces, y nunca me pareció tan bello como hoy.

—Lo mismo pensé —dijo el gorrión.

Después de un breve silencio, habló la lechuza:

—También me sucedió a mí.


Y es que ayudando a cumplir el sueño del Espanta, los pájaros también soñaron.




FIN





Título: Reyes y pájaros
Autores: Liliana Bodoc
Ilustradores: Matías Trillo
Páginas (número): 104 págs.
Edad: Desde 11 años
Colección: Torre de Papel Amarilla
Editorial: Norma



No es que los reyes y los pájaros tengan mucho en común. Aunque tal vez sí.
Hay reyes que intentan volar y pájaros que pretenden ser sus propios reyes.
Es que, a veces, no es fácil ser pájaro; y otras, no es fácil ser rey.
La mágica voz de Liliana Bodoc vuelve de la mano de estas tristes y profundas, poéticas y conmovedoras historias. Maravillosos relatos que no dejarán que ningún lector vuelva a ser el mismo.
(Texto extraído de la contratapa del libro.)


Contenido

El lugar de los pájaros…
Espanta y Pájaros - pág. 11
Fermín de la Estrella - pág. 21
Kin kil - pág. 39

El lugar de los reyes…
Un soberano en harapos - pág. 51
El bufón y el juglar - pág. 59
El día que en Inglaterra murieron dos reyes - pág. 77
Menfis de perfil - pág. 87

En este cuento no hay reyes ni pájaros.
Este cuento es un error…

Un decreto incomprendido - pág. 95


Reyes y Pájaros - Ediciones Norma Literatura infantil y juvenil
https://www.lanormallibros.com.ar/libros/reyes-y-pajaros/62285


Visto y leído en:

Facebook: Liliana Bodoc, la Madre de Los Confines • 26 de marzo de 2015 •
Espanta y pájaros. Un cuento de Liliana Bodoc.

https://www.facebook.com/DocumentalBodoc/photos/a.150411548403787/647875861990684/

Blog: Un elefante ocupa mucho espacio - Espacio para pensar (nos) gremial y pedagógicamente desde Seguí y en nuestro quehacer cotidiano como Docentes y Estudiantes. Domingo, 9 de septiembre de 2012
http://docentesyestudiantessegui.blogspot.com/2012/09/espanta-y-pajaros-liliana-bodoc.html

Cuento» La mejor luna, de Liliana Bodoc


Pedro es amigo de Juan. Juan es amigo de Melina. Melina es amiga de la luna.




A lo mejor por eso, cuando la luna empieza a perder su redondez, los ojos alargados de Melina hierven de lágrimas, su tazón de leche se pone viejo en un rincón, y no hay caricias que la alegren.




Días después, cuando la luna desaparece por completo, Melina sube a los techos y allí se queda, esperando que la luna regrese al cielo como aparecen los barcos en el horizonte.




Melina es la gata de Juan. Juan es amigo de Pedro. Pedro es el dueño de la luna.




La luna de Pedro no es tan grande ni tan redonda, tiene color de agua con azúcar y sonríe sin boca. Y es así porque Pedro la pintó a su gusto en un enorme cuadro nocturno, mitad mar, mitad cielo.




Pedro, el pintor de cuadros, pasa noches enteras en su balcón. Y desde allí puede ver la tristeza de Melina cuando no hay luna. Gata manchada de negro que anda sola por los techos.




¿Les dije que Melina es la gata de Juan…? ¿Les dije que Juan se pone triste con la tristeza de Melina?




Juan se pone muy triste cuando Melina se pierde en el extraño mundo de los techos, esperando el regreso de la luna. Y siempre está buscando la manera de ayudar a su amiga. Por eso, apenas vio el nuevo cuadro que Pedro había pintado, Juan tuvo una idea. Y aunque se trataba de una luna ni tan grande ni tan redonda, color de agua con azúcar, podía alcanzar para convencer a Melina de que un pedacito de mar y una luna quieta se habían mudado al departamento de enfrente.




Juan cruzó la calle, subió siete pisos en ascensor y llamó a la puerta de su amigo. Pedro salió a recibirlo con una mano verde y otra amarilla.




Juan y Pedro hablaron durante largo rato y, al fin, se pusieron de acuerdo... Iban a colgar el enorme cuadro en el balcón del séptimo piso para que, desde los techos de enfrente, Melina creyera que la luna estaba siempre en el cielo. Eso sí, tendrían que colgarlo al inicio de la noche y descolgarlo al amanecer.




Pedro, el amigo de Juan, es un pintor muy viejo. Juan, el amigo de Pedro, es un niño muy niño. La luna del cuadro no es tan redonda ni tan grande. Y Melina, la gata, no es tan sonsa como para creer que una luna pintada es la luna verdadera.

Apenas vio el cuadro colgado en el balcón de enfrente, Melina supo que esa no era la verdadera luna del verdadero cielo. También supo que ese mar, aunque era muy lindo, no tenía peces. Entonces, la gata inclinó la cabeza para pensar qué debía hacer.


¿Qué debo hacer?, pensó Melina para un lado.

¿Qué debo hacer?, pensó Melina para el otro.




"La luna está lejos y Juan está cerca. Juan es capaz de reconocerme entre mil gatas manchadas de negro. Para la luna, en cambio, yo debo ser una gata parecida a todas en un techo parecido a todos. Y aunque la luna del pintor Pedro no es tan grande ni tan redonda, es la luna que me dio el amor".




Melina es amiga de Juan. Juan es amigo de Pedro. Pedro es amigo de los colores. Juan creyó que un cuadro podía reemplazar al verdadero cielo. Porque para eso están los niños, para soñar sin miedo.

Melina dejó de andar triste en las noches sin luna, porque para eso tenía la luna del amor.

Y Pedro sigue pintando cielos muy grandes, porque para eso están los colores: para acercar lo que está lejos.




FIN


La mejor Luna
Autora: Liliana Bodoc
Ilustradora: Eugenia Nobati
Editorial: Grupo Editorial Norma

Colección: Torre de Papel Naranja
Edad: De 6 a 8 años
32 páginas


Melina, la gata de Juan, solo es feliz cuando la luna está redonda y blanca. Pero la luna va y viene, y la gata se entristece cuando la ve menguar. Entonces su amigo Pedro, el pintor, ayuda a Juan y pinta una gran luna llena.

https://www.normainfantilyjuvenil.com/ar/libro/la-mejor-luna


Visto y leído en:

CIIE Marcos Paz - Biblioteca Digital Julio Cortázar

https://sites.google.com/view/bibliotecajuliocortazar/bodoc-liliana

Liliana Bodoc, la Madre de Los Confines • 10 de noviembre de 2012 •
"Para esta tarde de sábado, fresca y azul, de café con leche y bizcochuelo esponjoso, les traemos el cuento La mejor luna de Liliana Bodoc. Este hermoso cuento está publicado online por el Plan de Lectura Nacional del Ministerio de Educación argentino, plan para escuelas primarias del cual participa Liliana de forma muy activa. También está editado por editorial Normal con unas bellas ilustraciones. Ideal para regalárselo a un niño cercano, aún ese que está dentro nuestro."
https://www.facebook.com/DocumentalBodoc/photos/a.150411548403787/284942188284055/

Eugenia Nobati Ilustración
http://eugenianobati-ilustracion.blogspot.com/2007/02/la-mejor-luna.html

Plan Lectura 2008 - Colección: “Escritores en escuelas” - Ministerio de Educación
“Amigos por el viento” de Liliana Bodoc © “Amigos por el viento”, 2008, Alfaguara - “La mejor luna” de Liliana Bodoc © “La mejor luna”, 2007, Ed. Norma
http://planlectura.educ.ar/wp-content/uploads/2015/12/Amigos-por-el-viento.-La-mejor-luna-Liliana-Bodoc.pdf

Puros Cuentos Contenidos Literarios
https://www.puroscuentos.com.ar/2018/04/la-mejor-luna-cuento-de-liliana-bodoc.html

Prácticas del Lenguaje (El material que se publica en este sitio tiene fines educativos)
https://adrianamarron.blogspot.com/2015/01/colecciones-de-aula-caja-violeta-1-ano.html


“La lectura abre las puertas del mundo que te atreves a imaginar"

"Argentina crece leyendo"


Selección y curaduría: Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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